PLENARIO REGIONAL DE LA JUVENTUD SINDICAL. MAR DEL PLATA, JULIO 2015, SINDICATO GASTRONÓMICO

PLENARIO REGIONAL DE LA JUVENTUD SINDICAL.

MAR DEL PLATA, JULIO 2015, SINDICATO GASTRONÓMICO

COOPERACIÓN, ORGANIZACIÓN Y UNIDAD.

En la vida del hombre, el TRABAJO es un tema que ha despertado mucho interés en las últimas décadas. Desde distintas perspectivas se pretende captar, analizar y hacer objeto de reflexión nuevos aspectos del trabajo que hasta hace poco había pasado inadvertidos o no habían sido considerados en el campo científico.

El trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre. La tercera Carta Encíclica de Juan Pablo II, “Laborem Exercens”, penetra en el mundo del trabajo partiendo de la idea central de que “el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo…”, considerando al hombre trabajador como centro de toda la actividad social, dice además: “…no es el hombre para el trabajo, porque no se trata de una máquina que está al lado de otra máquina, sino que el trabajo es para el hombre, en cuanto es para él fuente de sustento e instrumento para su elevación cultural y moral”.

Y consideramos al HOMBRE desde una concepción antropológica y cristiana, como TRABAJADOR que utiliza gran parte de su energía (física y/o intelectual) en actividades tendientes a modificar, de manera equilibrada y armónica, parte de la naturaleza circundante con el fin de satisfacer sus necesidades, espirituales como materiales, dentro de la comunidad en la que está inserto. Es decir, el HOMBRE es un trabajador que debe producir lo indispensable para alcanzar su sustento y llevar una vida sana, provechosa y feliz.

El trabajo es un derecho que funda la dignidad del hombre, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume. Ese trabajo no siempre está exento de riesgos para la propia existencia. Fácil es visualizarlo si nos imaginamos al hombre en las primeras comunidades que, en busca de su sustento, enfrentaba un sinnúmero de peligros que hasta le costaban su vida en no pocas ocasiones, ya sea por las características del medio o de la actividad mediante la cual procuraba su alimento.

La evolución social occidental fue transformando esa primitiva actividad, y en la medida que el hombre aprendió a elaborar ideas para dominar los elementos de la naturaleza, aparecieron nuevas formas de trabajo y nuevas herramientas que si bien por una parte mejoraron la capacidad de producción, no lo liberaron absolutamente de los sufrimientos propios de la tarea desempeñada sino que a veces, por el contrario, expusieron al trabajador a nuevos y mayores peligros.

La urbanización, la industrialización, la ciencia y la tecnología en general, trajo aparejado mejoras en la producción de bienes y servicios que permitió a las comunidades un acceso más fácil a ellos, generando, aunque todavía hoy con profundas desigualdades, una mejora en la expectativa y calidad de vida, pero los riesgos presentes en el trabajo para la salud de las personas, si bien con distinta incidencia, continúan en nuestros días. Según la Organización Internacional del Trabajo: «…se producen en el mundo, únicamente en la industria unos 50 millones de accidentes cada año, es decir una media de 160.000 al día. Por ellos se estima mueren aproximadamente 100.000 personas por año y muy probablemente estas cifras estén por debajo de la realidad. Cada año 1.500.000 trabajadores quedan inválidos para el resto de su vida. A estas cifras se debe añadir los millones de trabajadores víctimas de enfermedades contraídas en los lugares de trabajo. Se debería asimismo agregar, si se conociera su cifra, los accidentes graves y numerosos que se producen en la agricultura, los trabajos forestales y las plantaciones. En los países industrializados en promedio anual, uno de cada 10 trabajadores de la industria sufre heridas en el trabajo y se estima que en algunas ramas de actividad esa relación es en todo el mundo de uno cada 3. Se trata de tragedias humanas que podrían evitarse, pero que ocurren en el mundo cada día…”. Obviamente, aquí solo se señalan los riesgos para la salud física del trabajador, no hay estadísticas para las secuelas psíquicas en los trabajadores por actividades de mucha presión laboral, rutinarias o alienantes.

Nos encontramos así frente a una doble situación: el trabajo, en cualquiera de sus formas, es necesario para la vida humana saludable pero en muchos casos es, ese trabajo, capaz de dañar la salud, física como psíquica, de quienes lo realizan. Aparece de esta forma uno de los determinantes para que el Estado, incluso el SINDICATO, tengan un mayor compromiso y PARTICIPACIÓN en políticas que atiendan el estado de salud INTEGRAL de sus trabajadores.

Esencialmente la participación sindical, en en salud laboral debe estar orientada a la PREVENCIÓN. Es decir, deber anteponerse al impacto que la organización del trabajo y la producción pueden tener sobre la salud física y psíquica de los trabajadores

Un trabajador saludable, en CUERPO y MENTE, es uno de los bienes más preciados con que cuenta cualquier país o comunidad organizada. No solo contribuye al crecimiento y desarrollo de nuestra PATRIA, sino a la motivación, satisfacción y calidad de vida de la población.

Este PLENARIO DE JUVENTUD SINDICAL que ansiamos llevar a delante con los trabajadores juveniles tiene por objeto presentar las bases teóricas y prácticas en las que se sustente la idea de la SALUD INTEGRAL del trabajador y que sea tenida en cuenta para futuras LEYES que se promulguen en ese sentido. Lejos de constituir un tratado especializado, nos hemos propuesto mostrar cómo y porque la salud del trabajador, no solo es salud pública, sino que también hace a la grandeza de la PATRIA.

Cuando una empresa piensa en su forma de producción, lo hace desde la lógica de la ganancia y la reducción de costos. Esto evidentemente es un dato que debe tenerse en cuenta al momento de evaluar los riesgos a los que un trabajador está expuesto. Debería ser el puntapié inicial para analizar y comprender que esos riesgos le son impuestos al trabajador por la forma en que está organizada la producción Occidental y CAPITALISTA.

Al planificarse la inversión, en la mayoría de los casos, ni siquiera se contempla lo prescripto por la legislación laboral, por lo que mucho menos se tendrá en cuenta el diseño de lugares salubres, seguros y confortables para el trabajador. Y mucho menos políticas empresariales que tiendan al esparcimiento, recreación, de becas o de actividades culturales para los trabajadores. “Una observación general en el país, aunque ella no sea objeto de la ley del trabajo, es la despreocupación de las autoridades públicas respecto de las diversiones del pueblo trabajador.  La acción civilizadora del teatro no cabe discutirla, ni tampoco la fuerte impresión que produce en las clases menos cultas, con mayor energía que en las más elevadas, porque aquéllas separan poco lo que hay de ficticio y de real en la escena. Todo es vivo y existente para el pueblo que va al teatro, y la iluminación, lo bien vestido que allí se va, el silencio y la compostura, contribuyen a dar más vivacidad a las impresiones, que perduran a través del sueño que sigue a la representación. Ya dije al tratar de Entre Ríos lo que vi en el teatro del Paraná, y como medio de propaganda y de educación creo que vale más una representación de teatro que cien discursos, y la acción suavizadora de las costumbres, la elevación de sentimientos que produce la música en acción no puede ser por nada sustituida. Pues bien, las clases obreras de la República están excluidas de estos goces y de esta acción civilizadora; porque no puede decirse que llene la necesidad el teatro chico y por secciones que está a su alcance en Buenos Aires, ni por su índole, ni por su extensión llena semejantes fines”… “Ya dije cómo las leyes coloniales habían estimulado esa tendencia del indígena a la música, cómo en Tucumán una banda modelo da tan buenos resultados. Estos son los medios más seguros de sacar al obrero de las tabernas.  Repito que esto no es de la ley del trabajo; pero es de la ley del patriotismo, y todos deben tender a darle lo que le corresponde” Juan Bialet Masse, en “Informe Sobre el Estado de la Clase Obrera”, 1904.

Aquí sólo caben dos posibilidades: o se invierte en condiciones seguras y saludables de trabajo, o por el contrario es el trabajador quien invierte su salud en el trabajo y es el Estado y las Obras Sociales sindicales las que pierden.

La única barrera real para impedir las consecuencias sobre la salud física y psíquica de los trabajadores, en malas condiciones de trabajo, es intervenir con la actividad sindical.

Una primera premisa para elaborar esta intervención debería ser la de orientar la actividad sindical hacia un mayor control sobre las condiciones de trabajo, y por lo tanto un mayor control sobre el proceso de trabajo. Y en segundo lugar, para que la intervención resulte eficaz se debe construir indiscutiblemente con la participación de la mayor parte de los trabajadores. La participación de los trabajadores es esencial para construir ambientes de trabajo que no nos enfermen o no den lugar a accidentes. Construir información y propuestas es en última instancia construir fuerza para poder asumir la defensa cotidiana de nuestra salud integral.

Tener un lugar de trabajo salubre y seguro va a depender de la capacidad sindical para presentar propuestas y hacerlas cumplir y sobre todo de la capacidad de involucrar en este cuidado a la mayor parte de los trabajadores.

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