I. EL OCASO DE UNA HISTORIA MAL CONTADA

I.1- EL OCASO DE UNA HISTORIA MAL CONTADA

 Por lo general, los hombres creen fácilmente lo que desean

Julio César

Año I, Mar del Plata, martes 10 de mayo de 2019, Luis Gotte. Para nuestro criollocontinente la Historia no ha sido más que una descripción de hechos pasados bifurcados y bifurcantes, que se acomodan ideológicamente al presente. Una herramienta política para civilizarnos, negando nuestra identidad cultural y sentimientos de pertenencia.

Las primeras preguntas que nos debiéramos hacer al adquirir un libro de historia sería: desde dónde se ha escrito, qué es lo que escribe, y si es provechoso para alguien. Son las tres interrogantes socráticas: verdad, bondad, utilidad.

La historia, para nosotros, no es precisamente una Ciencia y menos pretenderla objetiva.

Para entender la importancia de este tema, pondremos como ejemplo al Reino de España y su descubrimiento de América.

Cada año se incrementan en los estantes de las librerías las biografías, los ensayos, como novelas e historias diversas, que dan lugar a interpretaciones disímiles, como antagónicas, en referencia al tema en cuestión.

La gran mayoría de estas publicaciones continúan la línea holando-inglesa de la LEYENDA NEGRA aplicada a España. El objetivo, crónico y permanente, es la deshispanización de nuestra criollosidad, desnacionalizando nuestras identidades y sentido de pertenencias y descatolizando nuestra fe.

Por lo que existirán tantas interpretaciones sobre la relación España-América como historiadores, como escribientes, como mercaderes de la pluma exige el mercado. Algunos dan nuevas explicaciones sobre aquellos sucesos, pero concluyen diciendo lo que ya nos dijeron. Otros creerán tener un nuevo “dato”, desconocido, inexplorado, olvidado, y que termina no siéndolo. Obviamente, no promueven un análisis crítico de los hechos e ideas sobre sus políticas americanistas que fueron sosteniendo, como lo referente al proceso de inculturización llevado adelante en particular por la Iglesia católica.

Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado.

Cuando miramos hacia atrás, hacia el pasado, vemos irremediablemente que ese pasado se nos bifurca en infinidad de direcciones: eventos, acontecimientos, sucesos, situaciones y circunstancias. Y es en el MÉTODO o modos en que relacionamos entre sí a todo ese conjunto de elementos, en como sistematizamos y lo ordenamos para su posterior divulgación en los medios de consumo masivo (libros, televisión, revistas, documentales, redes sociales), lo que nos permitirá diferenciar una lectura de otra. Un historiador de otro. Por supuesto que, cuando uno elige qué dar a conocer, deja de lado muchas otras cosas.

Esta elección no se da como resultado del libre albedrío de quien escribe. Sino que es consecuencia de la interacción de diversas influencias que condicionan al propio historiador. Cuando seguimos la trayectoria de un hecho histórico, aparecen situaciones en que éste se vuelve cada vez más inestable y finalmente se descompone en una multiplicidad de bifurcaciones nuevas. Cuál de esos caminos resultará elegido, es una cuestión ‘SUBJETIVA’, es una elección condicionada por la “visión de mundo”, de carácter colectivo, que representa la clase o sector social a la que el historiador pertenece. Es decir, quien escribe lo hace comprometido con una posición social a la que representa, con un sistema económico y político al que adscribe, con una ideología a la que adhiere.

Dirá, en la Francia de las Luces, Jean-Jacques Rousseau “Además, dista mucho de que los hechos descriptos en la historia sean la pintura exacta de los hechos mismos tal como han ocurrido: éstos cambian de forma en la cabeza del historiador, se amoldan a sus intereses y adquieren el tinte de sus prejuicios”. Y el malogrado historiador francés, Marc Bloch, afirmará que: “…a todo estudio de la actividad humana amenaza el mismo error: confundir una filiación con una explicación”.

Debemos tener presente que el pasado es una construcción y una reinterpretación constante, en que la historia “recoge sistemáticamente, clasificando y reagrupando los hechos pasados, en función de sus necesidades presentes. Sólo en función de la vida interroga a la muerte… Organizar el pasado en función del presente: así podría definirse la función social de la historia”, subraya el historiador de la escuela de Annales, Lucien Febvre.

No hay historia objetiva, detrás de ella hay una ideología, donde se encuentran grupos sociales con intereses enfrentados. Ergo, no hay un relato imparcial, sino interpretaciones que responden a distintas tendencias.

Es el historiador quien piensa la historia. Es el producto directo de su actividad intelectual. “La historia, la realidad, está en relación con las necesidades actuales y la situación presente en que vibran aquellos hechos”, escribe el filósofo italiano Benedetto Croce. Desde esta perspectiva, toda historia es contemporánea, en tanto que está motivada por las necesidades que el presente plantea al historiador. Tampoco debemos caer en un relativismo histórico disolvente, como afirma el historiador inglés E.P. Thompson, el hecho histórico ocurrió: “los procesos acabados del cambio histórico, con sus intrincadas relaciones causales, ocurrieron de verdad, y la historiografía puede falsearlos o entenderlos mal, pero no puede en lo más mínimo modificar el estatuto ontológico del pasado. El objetivo de la disciplina histórica es alcanzar esta verdad en la historia”.

Consideramos que, la historia no debe ser dominio exclusivo del historiador. Ya no debe ser el historiador, de manera casi aislada, el que nos visibilice el pasado. Es tiempo de pedir colaboración y cooperación a las otras disciplinas o ciencias, para que vengan en su auxilio, logrando una suerte de INTERDISCIPLINARIEDAD CIENTÍFICA, proceso por el que se establecen vínculos entre los distintos campos del conocimiento en función de un problema compartido, llevando a una mejor comprensión del pasado, a un enriquecimiento de la investigación y a un mayor acercamiento para entender nuestro presente.

Pero no basta tan solo con eso, es momento de comenzar a pensar, reflexionar y escribir desde una CORRIENTE HISTORIOGRÁFICA CRIOLLISTA.

Generemos nuestras propias técnicas y métodos para describir los hechos históricos acontecidos.

Mientras esperamos con ansiedad y esperanza estos debates, aportaremos algunas pautas para tener en cuenta a la hora de moldear esta nueva corriente historiográfica, dando por terminado con las distintas euro-ideologías hegemónicas que nos ha llevado a resultados estériles, a saber:

  1. La única verdad es la realidad.
  2. La historia es creación de hombres y pueblos.
  3. El pasado de nuestro continente es la lucha del hombre por su libertad.
  4. La lucha de nuestros pueblos es por su liberación.
  5. La revolución es un complemento de la evolución de nuestros hombres, que nunca es estática.
  6. Son los pueblos los que elijen y escriben su propia historia.
  7. En esta tierra lo mejor que tenemos es a nuestro pueblo.
  8. Las ideas dejan de ser la causa de un hombre para ser la causa de un pueblo, y por ella sí vale la pena darlo todo, incluso la vida.
  9. Nuestras tierras son riquísimas en todo y que hasta ahora ha sido saqueado por propios y extraños.
  10. Para conducir a un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo.
  11. Cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento.
  12. Todas las patrias, al crear un símbolo, lo han hecho para mantener su unidad espiritual y nacional.
  13. ..

En definitiva, nuestro pasado y nuestro presente son demasiado importantes como para dejarlos en manos de teóricos y científicos sociales europeos, y de sus émulos locales.

Ella es la única herramienta válida para conocer nuestros valores culturales que deban ser preservados y continuados, con el propósito de tener menos posibilidades de repetir los viejos errores y tradicionales vicios.

La historia nos permite tener identidad. Tener identidad nos da personalidad. Sin identidad y sin personalidad es imposible aspirar a ser libres.

Tengamos presente la imagen de Eneas, aquel héroe que huye ante la caída de Troya de la mano de un hombre viejo -la memoria- y de la otra un niño -el futuro por venir-. Conocer el pasado porque eso puede cambiar el presente y permitirnos ir hacia el futuro que elijamos. Del linaje de Eneas surgió Roma.


I.2- LA INVENCIÓN DE LA HISTORIA

 “Hasta el momento… no hay signos visibles de una voluntad de cambio, en órbitas nacionales, con relación a los manuales de historia argentina, primarios y secundarios. No es un secreto, entonces, que no se enseña la verdadera historia nacional. Desde 1983, año en que se publicó la primera edición del manual de Alfredo B. Grosso, la enseñanza de nuestra historia en la escuela pública ha tenido una continuidad y una coherencia ejemplar: la disciplina jugó un papel ancilar del Estado liberal impuesto tras la batalla de Caseros.

Fermín Chávez

Año I, Mar del Plata, martes 12 de mayo de 2019, Luis Gotte. Luego de la batalla de Caseros, 03 de febrero de 1852, nuestra oligarquía liberal y pro-inglesa se apropia del poder e impone su visión de mundo. Decide que habrá un solo punto de vista de la historia argentina y que, justamente por provenir de su propia matriz, sus pro-hombres serán civilizados, ilustrados, piadosos, heroicos como abnegados. Un guión escrito a lo Hollywood de los ’50, donde si existen los buenos es porque también hay malos. Y los malos será esa presencia amenazante que llamarán bárbaros, de los que no había que economizar sangre (de gauchos, indios, obreros, “cabecitas”), gentuza indómita, salvaje e inculta que estropea el mundo feliz de la gente de bien. Decir sólo la verdad “que conviene” dirá Bartolomé Mitre, padre de la historia oficial. Por lo que las páginas de nuestro pasado serán escritas desde una mentalidad elitista y discriminatoria, negándole entidad y espacio al pueblo como partícipe natural y esencial en la construcción de nuestra nación…surge la HISTORIA OFICIAL, esa historia que legitimará los intereses de la oligarquía y de su protectora espiritual, Inglaterra.

La historia, como sabemos, es el relato de hechos, de acontecimientos sucedidos, ocurridos en el pasado, así como de su eslabonamiento. Para su reconstrucción los historiadores utilizan dos tiempos: el de la heurística, que es el conjunto, acumulación y ordenamiento, de testimonios, documentos y pruebas que acreditan la veracidad de lo que se relatará. Y la hermenéutica, que es la interpretación de ese cúmulo informativo.

No vamos a entrar en detalles sobre este tema, que para eso está la filosofía de la historia y la teoría de la historia, que ya abundantes libros han escrito. Pero sí haremos algunas observaciones al respecto.

En el caso de la heurística pueden señalarse dos tipos de “extravíos”, en que generalmente incurren nuestros historiadores:

I.- cuando el historiador omite determinados hechos o documentos, como si no hubiesen existido. Por ej., la historia oficial oculta el suicidio del Gral. Juan Lavalle, puesto que en aquella época tal acción era un pecado a los ojos de Dios, por lo que había que salvar el honor de un hombre que respondía a los intereses centralistas del puerto de Bs.As.

II.- cuando se relatan sucesos, expresiones y dichos entrecomillados, cuya veracidad puede resultar discutible y no se los apoya o sustenta con fuente documental que los autentique. Más propio de un novelista que de un historiador. O se “evaden” las citas a pie de página, por ej., con la excusa de no fatigar al lector, y que dejan sin fundamento a buena parte de las afirmaciones de dudosa veracidad (ej. el historiador Marcelo Larraquy en sus libros “Marcados a Fuego” y “De Perón a Montoneros”).

En la hermenéutica tampoco es pacífica la situación. Muchas veces los equívocos y confusiones en las interpretaciones del historiador, que definen el resultado final, pesa la ideología, el juicio, la escala de valores del narrador, e incluso las necesidades del mercado, como ya explicáramos al principio. Detrás de su relato está presente su cosmovisión ideológica, su propia SUBJETIVIDAD. Por ejemplo, quien considera que la Argentina del Centenario era la argentina del progreso, producto de la apertura económica y el ingreso del capital extranjero, exalta la política económica liberal, y ésta, a su vez, resulta descalificada por quienes sostienen que fue un modelo de destrucción de las economías regionales y el empobrecimiento del País. Es evidente que detrás de estas dos posturas hay ideologías e intereses de grupos, por lo que no deberían erigirse como única y absoluta verdad.

Y un segundo punto criticable, en la interpretación de los hechos, está dado en que muchas veces los historiadores no pueden escapar de su propio presente para el análisis del pasado.  A la hora de analizar un suceso histórico, tratamos de compararlo casi de forma inconsciente con la época que nos toca vivir. Es una reacción natural, que nos lleva a cometer errores en el análisis histórico, puesto que dejamos de lado el contexto en el que sucedieron los hechos

El filósofo italiano Benedetto Croce, como el historiador inglés Robin G. Collingwood, ha dado en llamar como PRESENTISMO HISTÓRICO a la actividad de analizar el pasado con las categorías conceptuales del presente. Desde esta perspectiva, toda la historia es contemporánea, presente, en tanto que está motivada por las necesidades que el presente plantea al historiador.

Tampoco debemos caer en un relativismo histórico disolvente, como afirma el historiador inglés E.P. Thompson, el hecho histórico ocurrió: “los procesos acabados del cambio histórico, con sus intrincadas relaciones causales, ocurrieron de verdad, y la historiografía puede falsearlos o entenderlos mal, pero no puede en lo más mínimo modificar el estatuto ontológico del pasado. El objetivo de la disciplina histórica es alcanzar esta verdad en la historia”.

Por lo expuesto, debido al enfrentamiento de las diversas posiciones tomadas, es que surgen las distintas CORRIENTES HISTORIOGRÁFICAS. Si bien no difieren en lo metodológico, sino en sus diferentes formas, y maneras, de interpretar el pasado. No por ello debemos condenar a los historiadores por parciales o tendenciosos, sí se les debe reclamar que nos digan desde dónde están parados cuando escriben historia. El gran engaño no consiste en que la Historia Oficial interprete la historia desde una concepción liberal, sino que lo haga pretendiendo que sus visiones son imparciales, objetivas, neutras y que no obedecen a ideología alguna, por lo tanto deba enseñarse en los colegios como la única y verdadera historia, como se viene haciendo hasta ahora.

Desde que la oligarquía argentina decidiera organizar institucionalmente el país a su propio servicio y necesidades, se fijaron condiciones y se impusieron nuevas categoría conceptuales para poder ejercer su responsabilidad gubernativa en la función pública. Por ello, la domesticación cultural impartida a través de la educación se pensó como valioso dispositivo para concretar su proyecto de Estado. Aparece el bachillerato. ¿Qué es un bachiller? En principio se trataba de un estudiante que suma conocimientos varios, generales y “universales”, un poco de todo pero, en realidad un individuo que no sabe nada de nada y poco útil en términos prácticos. Se pensó a esta enseñanza media como el paso intermedio para aquellos que sí podían acceder a la Universidad. Nuestras universidades siempre estuvieron más preocupadas por incorporar conocimientos universales -preferentemente europeos- aunque estos fueran inservibles para resolver problemáticas nacionales; casas de “altos estudios”  más  preocupadas por importar soluciones para nuestros interrogantes como país,  sin conocer sus razones político-sociales-económicas reales donde se encontraban las verdaderas causas de nuestros males. Un “bachiller” traía la “deformación” justa para esta necesidad. Esas universidades preparaban “dotores” capacitados para “conducir” el país. Lo cierto es que históricamente y en la realidad sólo estaban habilitados para servir y defender los intereses o bien de los poderosos o bien los foráneos. Arturo Jauretche las identificaba  claramente: “Nuestras universidades son argentinas solo por radicación geográfica”

Fue Bartolomé Mitre quien se apropió del relato histórico nacional, herramienta necesaria para la construcción argumental que a modo de pilar sostuviera un  concepto de riquezas de la patria: vacas y granos y la necesaria oligarquía como la única capacitada y con derecho a usufrutuar de sus beneficios.

Resumiendo, debemos tener en claro que no hay una historia OBJETIVA, detrás de cada versión histórica, como de cada ideología, se encuentran grupos sociales con intereses enfrentados. Los gobiernos deben asegurar la posibilidad de confrontación entre las diversas corrientes, tanto en las escuelas y universidades, así como a través de los medios masivos de comunicación. Por ende, no hay una historia imparcial y única. Se debe reconocer la existencia de diversas interpretaciones, las que a su vez responden a distintas ideologías e intereses económicos.

I.3- UNA HISTORIA LLAMADA DIVISIÓN

…no hay que olvidar que las fronteras pueden ser para los países pero que jamás los países deben ser para las fronteras […] entre las creaciones del capitalismo internacional ha inventado, las fronteras son un elemento destinado a tener separados a los pueblos para explotarlos mejor […] El verdadero patriotismo es el amor a los hermanos, a la comunidad […] merced a su sentido de solidaridad y justicia. Ese amor a la comunidad no es excluyente ni es negativo […] El sentido geográfico del patriotismo es un sentido humanísticamente negativo, porque separa con el odio a las comunidades más afines […]

Juan Perón

Año I, Mar del Plata, martes 14 de mayo de 2019, Luis Gotte. Una sutil y desarraigada enseñanza de la Historia en los colegios sirvió para que los distintos pueblos terminaran desconfiando unos de otros. De esta manera nos fueron confundiendo, nos hicieron creer que el enemigo estaba cruzando cada frontera. Nuestra falta de identidad es uno de los grandes problemas que tiene nuestro criollocontinente.

La historiografía eurocentrista no acepta que nuestros pueblos crean y confíen en sus propias fuerzas, que tenga iniciativa propia, fe en sí misma. Ellos nos enseñan que: “Bolívar gana la guerra… por la ayuda británica. San Martín triunfa… siguiendo planes británicos”. En última instancia, si ambos logran triunfar, habría sido porque Europa se los permitió. Sin ellos seríamos incapaces de cualquier logro.

La realidad es que desconocemos nuestra propia historia en común. Sabemos de historia antigua occidental u oriental, pero no conocemos nuestra historia profunda o no se enseña correctamente en nuestros colegios. Entonces, cómo lograr coincidencias que nos acerquen a un proyecto de UNIDAD, en un criollocontinente que ha sido desmenuzado y desnaturalizado, para hacernos creer que siempre ha sido violento, siendo que no lo fue.

Hacemos lo que los países hegemónicos quieren que hagamos, así nos siguen “tutelando”. Somos nuestro peor enemigo, nos educan mal y les sale barato desunirnos. Caemos una y otra vez en conflictos regionales. La mejor forma de mantenernos en el subdesarrollo es subdesarrollándonos nosotros mismos.

Todo se transforma en discusión entre nuestros pueblos. No importan los motivos, son tan variados como absurdos. Estas controversias nos impiden seguir avanzando mirando al futuro.

Para romper con este estado de tensión y desconfianza, debemos superar nuestras diferencias, que son de formas y no de fondo. Difícil, pero no imposible.

Nuestra unidad no debe construirse desde lo planteado por Estados Unidos, sino la que nos ha propuesto el Justicialismo: el CONTINENTALISMO, que no implica perder identidad, ni tampoco nuestras culturas, por lo contrario: cada vez más argentino, más brasileño, más chileno, más boliviano, más mexicano, más cubano…más criollistas, que es la visión Justicialista.

A lo largo de nuestra historia hubo varios intentos hacia la integración. Veamos algunos antecedentes.

A fines del S.XIX Estados Unidos impulsará la Unidad Panamericana, y fue Argentina, con el gobierno de Juárez Celman, quien trunca este proyecto. Ya en el S.XX se intentará con el Acta de Chapultepec, pero Argentina no asistió. Otra tentativa fue con el ALCA de George Bush, pero el gobierno de Chávez Frías lo impide con su proyecto del ALBA en la Cumbre de Países Americanos, realizada en Mar del Plata (Argentina) en noviembre 2005.

Seguramente seguirán con nuevos ensayos de integración continental. Ya estamos observando algunas de sus estrategias en ese sentido, desintegrar los partidos políticos nacionales, fragmentar los sindicatos, hacer desaparecer de manera gradual la conciencia patriótica, la idea de Patria y de hermandad entre los pueblos. Ridiculizar nuestras creencias religiosas y romper la umbilicalidad cultural de la criollosidad.

Simón Bolívar, José Artigas, Manuel Ugarte, José Vasconcelos, José Martí, Leopoldo Zea, Alfonso Reyes, Antonio Cuadra, Pedro Henríquez Ureña, José Rodó, Antonio Cason, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Antonio Vallejo-Nájera y tantos otros pensadores ya desaparecidos de nuestros libros escolares, de nuestras disertaciones universitarias, de nuestros criterios en las tomas de decisiones. Ni nuestra música folklórica ya es la misma de antaño.

Revertir este proceso llevará tiempo.

Aún así, debemos pensar nuestras propias estrategias que nos permita seguir la evolución hacia el Continentalismo, pero planteada y realizada desde el nosotros. Que sean nuestros pueblos los que impulsen este camino.

Tenemos, y debemos, ser capaces de articular una unidad de concepción entre los diferentes movimientos políticos del criollocontinente. El Justicialismo debería impulsar, desde su construcción de Tercera Posición, una organización de partidos movimentistas, que podría denominarse INTERNACIONAL JUSTICIALISTA. Una unidad que levante las banderas de la Independencia Económica y la Soberanía Política, que se proponga y mantenga una dinámica de combate a favor de la Justicia Social y la Liberación de los pueblos.

La lucha la debemos dar en conjunto, no de manera aislada.

Hagamos carne la expresión que el criollocontinente es para los criollos. Trabajemos en ese sentido, en unidad de concepción para la unidad de acción de nuestros pueblos y, una vez consolidada y fortalecida esta Internacional, impulsar el Continentalismo.

Esta Unidad debe ser un ideario colectivo (his­pano­lusoindoamericano) que propenda a la libertad, a la dignidad y al desarrollo integral (material y espiritual) de la persona humana, como al ejercicio de todos sus derechos, deberes y responsabilidades en un contexto de armonía y equilibrio. Recuperemos al hombre en toda su dignidad y trascendencia. Pero por sobre todas las cosas, defendámoslo del falso ideologismo liberal-progresista.

El desarrollo integral de nuestros pueblos solo será posible en una Comunidad Organizada y el desarrollo de la misma será dable desde el conjunto de nuestras patrias. Y nuestras patrias solo lograrán sus objetivos con la realización de la unidad del criollocontinente en camino hacia el CONTINENTALISMO. Un camino moldeado por la unidad de concepción de lo que definamos por Hombre y por Hispanidad.

En tal sentido, para la consecución de tales fines, un primer aporte que debemos proponernos es la realización de un CONGRESO ARGENTINO DE FILOSOFÍA, con participación de los países del criollocontinente. Dicho evento tendrá como propósito reencontrarnos con dos conceptos fundantes de nuestra campeadora cultura, a saber:

  1. “Hispanidad”: como dijera Perón en su discurso del 12 de octubre de 1947 “por eso estamos aquí, en esta ceremonia que tiene la jerarquía de símbolo. Porque recordar a Cervantes es reverenciar a la madre España; es sentirse más unidos que nunca a los demás pueblos que descienden legítimamente de tan honroso tronco; es afirmar la existencia de una comunidad cultural hispanoamericana de la que somos parte y de una continuidad histórica que tiene en la raza su expresión objetiva más digna, y en el Quijote la manifestación viva y perenne de sus ideales, de sus virtudes, de su cultura; es expresar el convencimiento de que el alto espíritu señoril y cristiano que inspira la HISPANIDAD iluminará al mundo cuando se disipen las nieblas de los odios y de los egoísmos…”.
  2. “Hombre”: no solamente la savia cervantina circula por nuestra cultura, también la sangre del Cid Campeador recorre nuestras venas. Sangre noble castellana, insurrecta, insumisa, que no se doblega ante el destino que parece imponernos los poderosos. Es ella la que moviliza a sus hijos criollos contra las injusticias y las sinrazones del poder. Fue el Cid quien legó su carácter y su personalidad a la nueva hispanidad que emerge de la reconquista y que se trasladará al nuevo continente, fundiéndose con sus pobladores formando un nuevo hombre, el nosotros criollo o criollismo como sentido de pertenencia al suelo.

El hombre de nuestro continente es esencialmente diferente al europeo y al angloamericano. Es por ello que necesitamos de una definición que le sea propia, distinta a la enunciación globalista que nos da el diccionario ideologizante y la progresía militante.

La tierra, esta tierra, nos ha marcado, nos ha moldeado en esencia y substancia. Ella hace la diferencia, porque tiene conciencia de sí misma, tiene vida, por lo que manda a su hombre a protegerla, preservarla y cuidarla. Nuestra tierra es la madre dadora de alimentos, lo fue para nuestros padres, para nosotros y lo será para nuestros hijos. Nos formó y constituyó en la Raza Cósmica de Vasconcelos, la síntesis hombre-naturaleza. Un hombre que no solo es materia y espíritu, también es raíz con su tierra. El se sabe germinal. No importa nuestra procedencia, no importa de qué geografía provengamos, ella nos enraíza y nos continentaliza.

Refiere el antropólogo argentino Rodolfo Kusch de la necesidad de reencontrar al hombre nuestro, es decir, a ese “hombre total”, que ha sido desdoblado y desconstituido. “Frente al pueblo americano no cabe sino ser americano, y esto significa recobrar resortes imprevistos, ésos que sólo puede dar el mismo pueblo…se nos enseña a no ser pueblo…pero tengo que pensar como el pueblo, de ahí la importancia del discurso popular.” Ante el hombre desmenuzado (el alma de su cuerpo, del cuerpo de su cultura, de su cultura con su historia y de la historia con la tierra) reconstruyamos a ese hombre total.

Un hombre total de cuerpo, alma y tierra que, cuando encuentra su equilibrio se convierte en PUEBLO y, cuando ese pueblo defiende su tierra y su cultura, su tradición y su historia, toma la categoría de PATRIA. Cuando la Patria, en su conjunto, decide seguir un objetivo común se convierte en NACIÓN. Y cuando se logra la perfecta armonía y equilibrio entre Pueblo, Patria y Nación, junto a un gobierno que comprenda y entienda las consignas de su tiempo, consigue el proyecto final: ser COMUNIDAD ORGANIZADA.

Reencontrarnos con la hispanidad y definiendo al hombre nuestro desde el campo de la filosofía estaremos dando los pasos necesarios para una auténtica FILOSOFÍA DE TERCERA POSICIÓN, que nos permita pensarnos desde nuestra propia sabiduría y categorías. Desde el nosotros criollo. Desde el criollismo.

Un segundo aporte que promovemos son las CÁTEDRAS ABIERTAS CRIOLLISTAS, que procure incorporar al ámbito de las Universidades la vasta labor ensayística, histórica y política de los intelectuales y escritores cuyos pensar desde lo nacional no han logrado penetrar en el campo académico universitario. Esto supone, entre otras cosas, recuperar y reivindicar el pensamiento y la obra de autores excluidos del campo de producción del conocimiento -campo donde ejerce su hegemonía el materialismo-. Para ellos debemos despertar del sueño del olvido a estos grandes centauros del pensamiento del nosotros, como Raúl Scalabrini Ortiz, del padre Leonardo Castellani, Atilio García Mellid, Ernesto Palacios, José María Rosa, René Orsi, Elías Giménez Vega, Pedro de Paoli, Roberto Tamagno, Faustino Legón, Leopoldo Marechal, Joaquín Díaz de Vivar, Amelia Podetti, Eduardo Elguera, Manuel Arauz Castex, Eduardo Stafforini, Juan Pablo Oliver, Carlos Cossio, Diego Luis Molinari, Mario Lucas Galiniana, Oscar Hasperué Becerra, Enrique Finochietto, José Arce, Arturo Sampay, Ramón Carrillo, Enrique Oliva, Alberto Buela, Amelia Podetti y tantos más, que fueron reemplazados por una ficción de personeros al servicio de intereses espurios.

La Europa occidental, desde el liberal-marxismo, nos ha desarrollado tres dispositivos para tallarnos y amoldarnos a su propia visión de mundo: la Historia, la Antropología y la Sociología. A través de ellas, elaboraron un Hombre teórico universal. Un tipo de hombre ego-individualista, que es el que necesitan para su construcción de mercado y sostenimiento.

Nos hicieron creer que éramos todos libres como iguales, con las mismas oportunidades, no fue así para nuestros pueblos. Nunca nos permitieron ser iguales y libres a ellos, tener sus mismas oportunidades para industrializarnos. Nunca nos han dejado crecer. La mano invisible del “mercado”, como en el juego de la Oca, lograba que retrocediéramos a las posiciones del subdesarrollo.

Sus grandes monopolios comerciales nos vienen “recomendando” qué producir y qué consumir. Nos crean las necesidades que tenemos para vendérnosla. Sus propios gobiernos nos brindan créditos para comprar y luego nos dan más créditos para pagar los inte­reses de las deudas vencidas…

Desde México a la Argentina, seguimos estando en la cate­goría de países subdesarrollados, con una enorme falta de fe, de creer en nuestras propias fuerzas y capacidades. Esto se da por cómo nos vemos a nosotros mismos. Nuestra filosofía de Tercera Posición deberá trabajar para revertir esta inercia.

Debemos reconstruir nuestro propio concepto de familia, de comunidad, de sindicato, de organización política, de mercado…para ello necesitamos de una Antropología, de una Historia y de una Sociológica con conciencia Hispanista como Humanista.

Construyamos nuestra propia montura continental para cabalgar esta evolución. ¡Estrategia!.

En esta alquimia debemos congregar aquellas dos substancias trascendentes, el concepto cultural de “hispanidad” y el concepto filosófico de “hombre”. Cualidades éstas que nos ayudarán a comprender, desde nosotros mismos, lo que nos está pasando, en relación a este Nuevo Reposicionamiento Económico Global que lentamente va asomando y amenazando.

No se podrá fabricar nuestra montura sin conocer, sin discernir, sin reflexionar acerca de dónde venimos, qué somos y qué es lo que nos ocurre. Las respuestas a estas preguntas son centrales. Un pueblo sin memoria se extravía, las comunidades sin estrategias están condenadas a subdesarrollarse.

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